La moralidad moderna dejo muchos problemas, que ahora los posmodernistas están logrando superar ya que se articulan como parte de la experiencia humana. Y es la manera como estos problemas se ven y adquieren importancia desde la perspectiva de la ética posmoderna, una era del individualismo mas puro y de la búsqueda de la buena vida, limitada solamente por la exigencia de tolerancia. Pero si la interrelación social esta desvinculada de obligaciones y deberes, el estudio del sociólogo en la presente posmodernidad debe llevar a cabo una investigación completa para estudiar las preocupaciones morales modernas y responder a los retos morales con normas coercitivas en la practica política, únicamente es necesario verlos y abordarlos de manera novedosa.

En la moralidad moderna la vida era el producto de la creación divina y estaba vigilada por la divina providencia. De acuerdo con la práctica tradicional en la teología cristiana son tres las fuentes de la moralidad: el objeto elegido, el fin perseguido y las circunstancias; el libre albedrío, si es que existía, era tomar una decisión sin estar sujeto a limitaciones impuestas por causas antecedentes, por la necesidad, o por la predeterminación divina. Una sociedad moderna que intenta sustituir la diversidad de la uniformidad y la ambivalencia por un orden coherente y transparente, es algo que necesita diseñarse a la conducta humana y a demás intentaron componer e imponer una ética unitaria y abarcadora que se denomina un código de reglas morales que enseñara a la gente a cumplir y a obedecer, si bien dejados a su libre albedrío, preferentemente elegirían lo correcto y bueno en vez de lo incorrecto y malo, que si la libertad no se mantiene a raya siempre cae en el libertinaje y podría convertirse en enemigo del bien.

La autonomía de los individuos racionales y la heteronimia de la administración racional no podían separarse pero tampoco podían vivir en paz, estaban en constante conflicto, esto se podría llamar la “aporía” que expresa o que contiene una inviabilidad de orden racional. Una característica de la modernidad era que la aporía debía reducirse a un conflicto aun no resuelto pero que en principio podría resolverse. Un signo de ignorancia a un no superada con respecto a los intereses individuales y comunes.

El pensamiento ético moderno abrió solución bajo la universalidad y los fundamentos. La universalidad era la regla ética que se extendía en todo un territorio y que se obligaba a la humanidad a reconocerla como valida y así los filósofos construirían sus modelos universales y lograrían naturalizar el artificio cultural; los fundamentos también consistía en imponer sus reglas la cuales estaban bien fundamentadas en dichos poderes.

Si se cumplían las reglas significaría una buena conducta moral.

La moralidad posmoderna no existe un código ético, que imponga las acciones del hombre, necesitamos aprender a vivir sin reglas, conscientes de que éstas jamás podrán darse, y que los intentos de demostrar lo contrario resultan ciertamente en menos moralidad. En otras palabras, supone que para cada situación, una elección puede y debe decretarse como buena, en oposición a numerosas malas, esta suposición deja de lado lo que es propiamente moral en la moralidad. Y se llega en una incurable vía aporética donde las pocas elecciones que tomamos son claramente buenas, y esas elecciones morales que se hacen son impulsos contradictorios. Que lo que es moral en un lugar seguramente será despreciado en otro y que todo tipo de conductas morales practicadas hasta ahora suelen ser concernientes a un determinado momento y lugar. El yo moral debe podarse constantemente para que mantenga la forma deseada, sin sofocar su crecimiento ni secar su vitalidad.

Los esfuerzos de la modernidad de convertir un mundo mejor bajo sus reglas y dominios estaban desviados, fundados sobre bases falsas y destinados a agotarse. Al exponer el código ético apoyado en el poder y la falsedad de la pretensión social de ser el autor ultimo y el único guardián confiable de la moralidad. El tipo de comprensión para la vida moral se concede en el punto de vista posmoderno, a lo más que puede aspirar es a hacerla un poco más moral.